1 de mayo de 2009

EL VIAJE COMO CONOCIMIENTO.
LA CIUDAD: El escenario del encuentro/desencuentro.
El proyecto plástico que se presenta, está organizado entorno a la idea de ciudad como escenario del encuentro. Ésta constituye un espacio, un escenario en el que habitamos y crecemos en el más amplio sentido de la palabra. Conceptualmente entiendo estos lugares como contenedores de vida y generadores de conflictos dominados por las pasiones humanas.
En la obra de Louise Bourgeois, artista de origen francés, se hace referencia a esta idea de guarida en relación a la casa. Sus obras más representativas son las Cells y las Lairs a través de las cuales Bourgeois reconstruye su pasado. Esta reconstrucción se sustenta en sus recuerdos, en sus temores que visita una y otra vez a lo largo de su trayectoria plástica. En definitiva Bourgeois habla de sí misma, mi visión de estas guaridas, por le contrario, se articula entrono a las relaciones humanas que se producen en ellas y la intensidad emocional que generan en los protagonistas de aquellas. Pero al igual que ocurre con la obra de esta artista, este proyecto tiene un carácter introspectivo. Los personajes que en él aparecen protagonizan encuentros y desencuentros en el entorno urbano, a partir de los cuales se establece una narración visual y emocional lo cotidiano.
Una ciudad no es algo concreto que debamos ver, sino una excusa para practicar libremente la mirada. Propongo espacios oníricos, habitaciones soñadas, arquitecturas idílicas, compuestas por volúmenes geométricos que conforman un mundo intangible, irreal y prácticamente perfecto producto de la imaginación. En este punto es necesario citar “Las Ciudades invisibles” de Italo Calvino como referente conceptual del proyecto. Desde le punto de vista plástico son muchos los artistas que han tratado este tema, por ejemplo Miquel Navarro, artista denominado constructivista debido a la manera de representar sus ciudades, las cuales ciudades en base a volúmenes geométricos. La obra de este artista se deja sentir en mi trabajo a través del armazón geométrico de la urbe
Rafa de Corral, artista bilbaino, aporta una visión del entorno urbano más anclada en la realidad, respecto a la cual dice “necesito un lugar más extenso para poder librarme de mi mente”.
[1]
El encuentro/desencuentro.
Sendos conceptos generan un sentimiento intenso e indeterminado en el tiempo. Desde la experiencia personal concibo este fenómeno como una conexión entre dos seres con una resolución inesperada. En una gran ciudad las personas pasan unas al lado de otras, se rozan fugazmente pero no se conocen. Durante este breve contacto imaginan mil cosas las unas de las otras, una palabra, una sonrisa, un empujón y se precipita el encuentro. El desencuentro es otro tipo de encuentro pero que se resuelve de forma negativa, algo inacabado o finalizado prematuramente que genera un sentimiento de vació y desilusión, nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, buscan otras miradas, no se detiene y después el olvido.
Las imágenes expuestas desorienta inicialmente al espectador, al cual le es difícil precisar el entorno en el que sucede la acción, dirigiendo su mirada hacia unas arquitecturas desenfocada, que deja entre ver personajes ocultos en una vorágine de formas que generan tensión en el espectador. Aunque estáticos, en tanto que momentos congelados, los elementos que integran la imagen adquieren un dinamismo centrífugo a través del color y el tratamiento de la misma que provoca inquietud y expectación en el observador. La ciudad, a modo de tramoya teatral constituye el escenario en el cual se van a producir y desarrollar esos encuentros/desencuentros.
[1] De Corral, R. (2002). La ciudad como referente; Contrastes culturales 23, Pág. 39.
EL VIAJE COMO CONOCIMIENTO.

LA CIUDAD: El escenario del encuentro/desencuentro.
El proyecto plástico que se presenta, está organizado entorno a la idea de ciudad como escenario del encuentro. Ésta constituye un espacio, un escenario en el que habitamos y crecemos en el más amplio sentido de la palabra. Conceptualmente entiendo estos lugares como contenedores de vida y generadores de conflictos dominados por las pasiones humanas.
En la obra de Louise Bourgeois, artista de origen francés, se hace referencia a esta idea de guarida en relación a la casa. Sus obras más representativas son las Cells y las Lairs a través de las cuales Bourgeois reconstruye su pasado. Esta reconstrucción se sustenta en sus recuerdos, en sus temores que visita una y otra vez a lo largo de su trayectoria plástica. En definitiva Bourgeois habla de sí misma, mi visión de estas guaridas, por le contrario, se articula entrono a las relaciones humanas que se producen en ellas y la intensidad emocional que generan en los protagonistas de aquellas. Pero al igual que ocurre con la obra de esta artista, este proyecto tiene un carácter introspectivo. Los personajes que en él aparecen protagonizan encuentros y desencuentros en el entorno urbano, a partir de los cuales se establece una narración visual y emocional lo cotidiano.
Una ciudad no es algo concreto que debamos ver, sino una excusa para practicar libremente la mirada. Propongo espacios oníricos, habitaciones soñadas, arquitecturas idílicas, compuestas por volúmenes geométricos que conforman un mundo intangible, irreal y prácticamente perfecto producto de la imaginación. En este punto es necesario citar “Las Ciudades invisibles” de Italo Calvino como referente conceptual del proyecto. Desde le punto de vista plástico son muchos los artistas que han tratado este tema, por ejemplo Miquel Navarro, artista denominado constructivista debido a la manera de representar sus ciudades, las cuales ciudades en base a volúmenes geométricos. La obra de este artista se deja sentir en mi trabajo a través del armazón geométrico de la urbe
Rafa de Corral, artista bilbaino, aporta una visión del entorno urbano más anclada en la realidad, respecto a la cual dice “necesito un lugar más extenso para poder librarme de mi mente”.
[1]
El encuentro/desencuentro.
Sendos conceptos generan un sentimiento intenso e indeterminado en el tiempo. Desde la experiencia personal concibo este fenómeno como una conexión entre dos seres con una resolución inesperada. En una gran ciudad las personas pasan unas al lado de otras, se rozan fugazmente pero no se conocen. Durante este breve contacto imaginan mil cosas las unas de las otras, una palabra, una sonrisa, un empujón y se precipita el encuentro. El desencuentro es otro tipo de encuentro pero que se resuelve de forma negativa, algo inacabado o finalizado prematuramente que genera un sentimiento de vació y desilusión, nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, buscan otras miradas, no se detiene y después el olvido.
Las imágenes expuestas desorienta inicialmente al espectador, al cual le es difícil precisar el entorno en el que sucede la acción, dirigiendo su mirada hacia unas arquitecturas desenfocada, que deja entre ver personajes ocultos en una vorágine de formas que generan tensión en el espectador. Aunque estáticos, en tanto que momentos congelados, los elementos que integran la imagen adquieren un dinamismo centrífugo a través del color y el tratamiento de la misma que provoca inquietud y expectación en el observador. La ciudad, a modo de tramoya teatral constituye el escenario en el cual se van a producir y desarrollar esos encuentros/desencuentros.
[1] De Corral, R. (2002). La ciudad como referente; Contrastes culturales 23, Pág. 39.

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